El padre Jakob Lord es un devoto hombre de Dios, ampliamente respetado entre el clero y los laicos. Proviene de una antigua familia española en la que, durante muchas generaciones, uno de los hijos menores siempre fue entregado a la iglesia. Para Jakob, esto no fue una carga sino una bendición, ya que lo liberó de la verdadera carga de tomar esposa.
Se encontró doblemente bendecido cuando ingresó en la escuela católica para jóvenes seminaristas y descubrió que, en lugar de castigarlo o expulsarlo, su confesor estaba más que ansioso por iniciarlo en el amor entre hombres. El confesor le explicó que es inútil resistir algunos deseos prohibidos; solo pueden superarse indulgéndolos. Muchos de sus compañeros sacerdotes estaban más que dispuestos a ayudar en esa tarea.