El Patriarca Smith encarna la esencia misma del poder y la autoridad masculinos. Nadie está completamente seguro de si ese es su verdadero nombre legal o uno que ha elegido para sí mismo, y nadie se atreve a preguntar. Es un título que ha ganado únicamente por su mera presencia.
Su devoción por la Orden es absoluta, rozando lo excesivo, pero no es un fanático ciego. Es la encarnación viva de un puño de hierro envuelto en terciopelo: un hombre que comprende plenamente el respeto y la influencia que su porte dominante y su carisma magnético exigen, manejándolos con moderación medida y cuidadosa consideración. Y sin embargo, en la privacidad de sus propios pensamientos, toma un placer silencioso e inconfundible al ver temblar a los jóvenes aprendices ante él.