La inducción ceremonial del Anciano Nicholas Michaels a La Orden fue un momento de pura alegría y anticipación. Nicholas, un joven de gran respeto y sabiduría, había soñado con este día durante mucho tiempo, impulsado no solo por su vocación sino también por su profunda admiración por el Presidente Beaux Matthews. Los dos habían compartido un coqueteo secreto e intenso, ocultando cuidadosamente sus deseos de sus hermanos.
Ahora, con Nicholas habiendo destacado en sus pruebas, había llegado el momento de recibir su recompensa definitiva, otorgada por el propio Presidente Matthews. El aire estaba cargado de emoción cuando llegó el día de la ordenación de Nicholas. El Presidente Matthews, con los ojos brillando con una chispa traviesa, esperaba con ansias el antiguo ritual que cementaría el lugar de Nicholas en su sagrada hermandad y los uniría para siempre en una unión clandestina.