En La Orden, demostrar tu devoción a la Hermandad significa someterte completamente a las sagradas bendiciones del Presidente. Gana tu lugar quitándote tus sagradas prendas íntimas, poniéndote a cuatro patas y dejando que unte tu cuerpo con aceite caliente—empezando por tus pies, subiendo por tus piernas, cruzando tu espalda y envolviendo tu polla palpitante. El regalo definitivo llega cuando te llena con su semen caliente, marcándote como un miembro verdadero, goteando su esencia y unido para siempre en éxtasis ritual.