Sabía que hoy pillaría un coche, pero la verdadera emoción llegó inesperada. Yendo a encontrarme con el vendedor, no estaba preparado para verlo sin camisa, espuma deslizándose sobre sus enormes pectorales brillantes y abdominales cincelados mientras lavaba su máquina. El vehículo era el plan, pero mis ojos se clavaron en su torso rasgado—piel mojada suplicando ser tocada. Si su pecho estaba tan esculpido, solo podía fantasear con la polla gruesa oculta abajo. Ofreció cambiarse, pero lo retrasé, bebiendo cada centímetro. Dentro del coche para la prueba de manejo, mi mente volaba a otro lado—anhelando una mirada a lo que abultaba en sus vaqueros. Finalmente, admití que el precio estaba fuera de mi alcance, pero contraoferté con algo demasiado tentador para rechazar: mi boca ansiosa envuelta alrededor de su polla palpitante, chupándolo profundo y seco, seguido de mi culo apretado recibiendo cada embestida salvaje. Era el semental definitivo—musculoso, dominante y colgado como un sueño. ¿Quién iba a adivinar que mi erección furiosa me daría las llaves de ese dulce paseo?