Criado en una familia católica devota como el hijo menor, Lucky Cruz siempre supo que su camino estaba trazado: La Escuela Católica de Niños de San Pedro, seguida del sacerdocio. Contento con su vocación, nunca pensó mucho en el sexo o el deseo; simplemente no formaba parte de quién era. Pero todo cambia cuando llega a San Pedro y tropieza con un mundo semisecreto de pasión prohibida, oculto bajo capas de rituales sagrados y discreción silenciosa.
El joven monaguillo no sabe muy bien cómo procesar lo que está descubriendo, pero abre una puerta en su mente a pensamientos que nunca se había permitido. Circulan susurros de que ciertos sacerdotes se acuestan con ciertos chicos, y Cruz se encuentra preguntándose culpablemente qué sacerdote elegiría si tuviera la oportunidad. ¿En la cima de su lista? El apuesto y magnético Padre Snow.
Arrodillado en oración una noche, luchando con estos pensamientos muy pecaminosos, Cruz se sorprende cuando el propio Padre Snow aparece. El maduro e irresistible sacerdote ha estado observando en silencio a este joven durante algún tiempo, y ahora ve su oportunidad. Colocándose detrás del monaguillo arrodillado, el Padre Snow le indica que se concentre en sus oraciones, mientras el sacerdote se pone a trabajar encendiendo un fuego de lujuria tan intenso que expulsará cada palabra sagrada de la mente del chico, junto con cualquier pensamiento de resistir lo que está a punto de suceder.
La lucha interna se refleja claramente en el rostro de Cruz mientras su resistencia se desmorona poco a poco. En ese momento silencioso y cargado, el inocente monaguillo se rinde por completo, aceptando que dejará que el Padre Snow haga cualquier cosa que desee, y obedientemente le dará al hombre mayor todo lo que pida a cambio.