En la caravana aislada, el Elder Greyson Myles se encuentra solo con Ryan Sebastian, sin saber de la intensa situación que está a punto de desarrollarse. Ryan comienza a desvestirse, su mano acariciando su polla mientras mira fijamente a los ojos del Elder Myles. Es la primera vez que el Elder Myles ve a un hombre dándose placer, y está cautivado y nervioso. Sabe que está prohibido, pero su curiosidad crece, atrayéndolo más cerca del cuerpo tatuado y musculoso de Ryan.
Ryan, notando el efecto que tiene sobre el tímido twink, continúa acariciándose, confiado en que solo es cuestión de tiempo antes de tener al Elder Myles justo donde lo quiere. El Elder Myles, dividido entre sus deberes y sus deseos, siente una urgencia abrumadora de obedecer, de someterse a los avances de Ryan.
A medida que las intenciones de Ryan se hacen claras, el Elder Myles entiende que para comprometerse verdaderamente con su misión, debe convertirse en un participante voluntario en el juego de Ryan, rindiéndose a cada orden del extraño. La tensión en la caravana aumenta, el aire espeso con anticipación y deseo.