Mientras exploraba los bosques solo, yo (Reece Scott) me topé con Canyon Cole, un joven scout conocido por su tendencia a perderse en pensamientos y alejarse. Los Scoutmasters se preocupan por su seguridad, ya que sus ensoñaciones hacen difícil saber si comprende incluso los fundamentos del scouting. Chicos como Canyon pueden ser una preocupación, ya que su seguridad depende de reconocer el peligro.
Afortunadamente, esta vez no pasó nada malo. No se había alejado mucho del campamento, y logré detenerlo antes de que se perdiera o peor. Regañarlo se sintió como patear a un cachorro; su expresión me derritió el corazón. Le aseguré que no estaba en grandes problemas pero necesitaba seguir las reglas. Esperando que aceptara volver al campamento, en cambio me encontré con silencio. Me miró, su expresión cambiando de culpa a algo indescifrable.
En ese momento, todo cambió. Sus penetrantes ojos azules sostenían una mirada llena de intención. Me di cuenta entonces de que Canyon era increíblemente guapo, y su mirada estaba cargada de deseo.
Terrificado por mis propias acciones, pero incapaz de detenerme, me ofrecí a caminar con él. Cada paso aumentaba mi excitación, mi erección presionando contra mi uniforme. Llegamos a un árbol, y sugerí un descanso. Las palabras me fallaron; todo lo que quería era expresar mi impulso primitivo. Parecía contento de que lo acompañara, sus ojos fijos en mí mientras nos acercábamos, atraídos por una fuerza desconocida. Nuestras manos y labios se encontraron en un beso tierno y profundo.
El momento fue profundamente romántico. Desabotoné lentamente su camisa, revelando su pecho suave y definido. Atrayéndolo cerca, nuestro beso se intensificó mientras sus manos temblorosas exploraban mi entrepierna. Parecía tanto experimentado como nervioso, sus acciones delatando encuentros limitados. Al bajarme los calzoncillos, su expresión reveló su inexperiencia con un pene de mi tamaño.
Se acuclilló, tomándose su tiempo para saborear la vista, pasando sus manos por mi eje antes de tomarme en su boca. Sus labios se deslizaron suavemente, su succión compensando cualquier falta de profundidad. Jadeé, excitado tanto por la sensación como por la vista de él. Estaba concentrado, comprometido, sus habilidades orales impresionantes.
Girándolo para que enfrentara el árbol, le bajé lentamente los shorts, revelando su perfecto trasero. Me arrodillé, lamiéndolo lentamente, revisando sus expresiones de deleite. No era virgen, arqueando la espalda, gimiendo de excitación, ansioso por más.
De pie, entré en él por detrás, su apretado agarre haciéndome jadear. Abrí mis piernas, empujando con fuerza, su mueca convirtiéndose en una sonrisa. Sacándome brevemente, vi mi precum goteando de él. Agarró su polla, gimiendo en voz baja, su excitación intensificando la mía. Empujé más fuerte, más rápido, nuestros cuerpos moviéndose como uno solo. Su culo me apretaba con fuerza, la sensación surrealista.
Rodeándolo con mis brazos, él se masturbó, acercándose al clímax. Su cuerpo se contrajo, sus músculos apretando, las bolas temblando, antes de que chorros de semen salieran de su polla. La sensación me empujó al límite, llenándolo con mi liberación. Fue una experiencia inolvidable, una que podría animarlo a repetir.