Al descubrir la sexualidad de Gus Torres, su padre se disgustó y lo entregó a su tío, el Don de la Mafia, con la esperanza de endurecerlo. Sin embargo, el tío Luise tenía otros planes. Viendo el potencial en la disposición de Gus, decidió utilizarlo como mensajero para la mafia, aprovechando su atractivo.
La primera tarea de Gus es recoger un paquete de una dirección especificada. Al llegar, es recibido por nadie menos que el renombrado actor estadounidense Dylan Tides. Invitado adentro, se le entrega una pequeña bolsa de lona. Dylan, cautivado por el aspecto de Gus, le hace cumplidos, dejando a Gus atónito por el inesperado interés del actor.
Aunque sorprendido, Gus no ve razón para rechazar los avances de Dylan. Se encuentra desvestido, besado y acariciado, finalmente posicionado en el sofá. Mientras Dylan entra en él, Gus no puede evitar reflexionar sobre la ironía: la desaprobación de su padre contrasta fuertemente con su realidad actual, estar íntimamente conectado con una superestrella internacional.