Boy Canyon prospera en su vida devota como sumiso de Master Aries, encontrando un placer inesperado en las firmes órdenes del dominante y sesiones intensas. Lejos de la subasta intimidante que una vez temió, sus días se mezclan con contento y sumisión erótica—especialmente cuando Master Aries lo dobla y lo reclama con pasión cruda. Pero la emoción real viene en la jaula sombría del calabozo, donde la anticipación se acumula en la oscuridad, sin saber qué—o quién—espera. Esta vez, no es Master Aries quien abre la puerta, sino su amigo envidioso, Master Snow. Susurros escuchados durante el servicio revelan la celos persistente de Snow por perder la puja en la subasta por el chico ansioso. Ahora, armado con llaves del llavero de Aries, Snow entra para satisfacer sus deseos. Ningún látigo o juguetes del armario lo tientan; solo anhela una cosa—hundir su enorme polla profundamente en el agujero apretado y entrenado de Boy Canyon. El chico obedece sin dudar, abriéndose de par en par mientras el grueso eje de Snow lo estira a sus límites. Comienza áspero, como ser partido por una fuerza implacable, pero la sumisión de Canyon brilla. Pronto, su cuerpo cede, olas de placer superando la quemadura inicial. Mientras Snow empuja más fuerte, construyendo hacia un clímax caliente y reproductor, Boy Canyon no suplica misericordia—en cambio, anhela más, reacio a dejar que termine la dominancia de este alfa bien dotado.
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