Desde que Master Ballard me prestó a su chico perfecto Colton, no puedo dejar de pensar en él. Esos ojos anchos y profundos que suplican complacer, sus mejillas redondas y ese agujero apretado y dulce que tiembla mientras fuerzo mi gruesa polla profundamente dentro. Es el fucktoy definitivo—adorable, obediente y todo mío para usar. ¿Lo mejor? Me recuerda mucho a mi propio hijo, pero con Colton no hay que contenerse. Lo poseo por completo. Puedo criar su culo cuando quiera, manteniéndolo lleno 24’7 con mis cargas calientes. Nada me excita más que bajarle los pantalones de un tirón, enterrar mi cara en ese agujero perfecto y saborear mi propio semen goteando. Me quedé impactado cuando Master Ballard lo puso a la venta: es demasiado bueno para dejarlo ir. Claro, eventualmente podría aburrirme, pero no ahora. Ahora necesito rastrearlo, hacer que chupe el precum de mis shorts y doblarlo para otra follada dura.
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