El chico Colton creció ignorado y descuidado, fundiéndose en el fondo con calificaciones promedio y un círculo flojo de amigos. Tenía libertad para deambular, hasta una noche fatídica cuando sus amigos lo dejaron y no pudo enfrentar volver a casa. En cambio, vagó hacia un barrio sucio y emocionante que latía con energía sórdida. Fue entonces cuando se detuvo el elegante coche negro, cambiando todo.
La esclavitud sexual no estaba en el currículo de la clase de carreras, pero para el chico Colton, se ha convertido en su realidad. Los años se han difuminado con cuatro amos exigentes y innumerables hombres que han reclamado su cuerpo. Ahora, es hora de la tasación—un examen rutinario para asegurar que los chicos permanezcan sanos, obedientes y listos para usar. Bajo el foco duro, desnudo en la plataforma de examen, es inspeccionado por el Maestro Kamp, el Maestro Aries y su dueño actual, el Maestro Scott. Los hombres de traje lo palpan y sondan como ganado premiado, discutiendo sus activos en tonos clínicos, como si ni siquiera estuviera allí.
Sin embargo, en este ritual deshumanizador, el chico Colton encuentra su validación retorcida. Reducido a un chico follable—comprado, vendido y preñado—yace inmóvil, rindiéndose por completo. Cuando una polla gruesa penetra su agujero apretado, una oleada de éxtasis hipersexual lo invade. Es visto, deseado, vivo en la intensidad cruda de ser llenado y poseído por papis dominantes.