A pesar de las acciones cuestionables del Anciano Caden Dior con el Anciano Xavier Oceane como su sujeto, el joven misionero Xavier finalmente ha demostrado ser digno de unirse a la hermandad. Ansioso por participar en el ritual que lo inductará oficialmente en la hermandad, Xavier se sorprende al enterarse de que el Anciano Oceane conducirá la ceremonia sagrada. Esta revelación despierta una mezcla de emociones en Xavier. Por un lado, nada puede empañar su alegría por convertirse en miembro, pero por el otro, ha disfrutado en secreto de sus encuentros lujuriosos con Caden.
Xavier lucha con la incertidumbre, preguntándose si seguir ciegamente al Anciano Dior lo llevará realmente a Dios. Sin embargo, se encuentra cada vez más adicto a los intensos deseos que Caden despierta en él. Tal vez, razona Xavier, todo esto es parte del misterioso plan de Dios, y debe obedecer las órdenes del Anciano Dior. Si el pecado es el camino para convertirse en misionero, entonces Xavier está dispuesto a abrazarlo, confiando en las enigmáticas formas del Señor.