Las transgresiones de Xavier Ocean no han pasado desapercibidas. A pesar de las tentaciones planteadas por sus compañeros miembros, debe asumir la responsabilidad de sus acciones. Las autoridades de la hermandad están decididas a asegurar que entienda las consecuencias. El presidente Jimmy Standard convoca al joven y le explica que difundir la palabra de Dios no le otorga licencia para entregarse a placeres carnales. Xavier reconoce la verdad en esto, pero su inocencia le dificulta resistir. Escucha la conferencia del Presidente en silencio, esperando no ser expulsado por sus actos impíos.
Sin embargo, el presidente Standard es más comprensivo de lo que Xavier anticipa. Reconociendo las tentaciones que enfrentan los élderes jóvenes, cree que necesitan una salida para evitar que estos pensamientos y acciones interfieran con su misión sagrada. En lugar de mera prohibición, el presidente Standard introduce al Élder Ocean a un método más poderoso de autocontrol antes de enviarlo a su próxima asignación.