Hoy marca mi Día de Ordenación en la Orden, y ser recibido como miembro pleno de la Hermandad es el mayor honor que podría imaginar. Estoy aquí para servir, para probar mi devoción y para obedecer a mi Presidente sin preguntas ni vacilaciones. Lo que sea que desee de mí, puede tenerlo. Me dijo que mi cuerpo terrenal era sagrado y que quería adorar cada centímetro de él. Si su orden es que me quite mis prendas interiores sagradas y drene cada gota de su semen, me someteré con gusto. En este día sagrado, soportaré cada tarea que se me presente y mostraré completa devoción a él y a su cuerpo, entregándome plenamente a la Hermandad y a los rituales que nos unen.
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